Ángela Villalobos

3 de diciembre de 2025


Fue tan grata la experiencia que decidí extender mi estadía un semestre más, en un país que me recibió con tanta calidez y en donde experimenté tantas vivencias y emociones. Previamente había asistido a la escuela de verano de la Universidad de Nanjing, sin embargo, poco a poco lo nuevo comenzaba a llegar y con […]

Fue tan grata la experiencia que decidí extender mi estadía un semestre más, en un país que me recibió con tanta calidez y en donde experimenté tantas vivencias y emociones.

Previamente había asistido a la escuela de verano de la Universidad de Nanjing, sin embargo, poco a poco lo nuevo comenzaba a llegar y con ello también los desafíos, como estudiar el idioma intensivamente todos los días. El chino mandarín fue mi primer aprendizaje; llegué con un nivel que me permitía solo interacciones básicas, pero con el pasar de los meses me logré comunicar con más facilidad con los amigos chinos que hice. Y si bien solo pude tomar dos cursos relacionados a mi carrera, todo el resto me sirvió para tener un mejor entendimiento de China, su historia y cultura.

Más allá de los estudios, una de las mejores decisiones que tomé en la universidad fue inscribirme en el club de baile PASSION, que me ayudó mucho a sobrellevar el estrés académico y, al mismo tiempo, a conocer a mis compañeros y futuros amigos. Ahí también me invitaron a participar del aniversario del club, para lo cual nos preparamos durante todo el semestre y fue una experiencia inolvidable. Me gustó mucho la vida universitaria y la formación de clubs que siempre fomentaban la participación de los estudiantes, por ejemplo, también asistí a un club de caligrafía china.

Aparte de eso, también tuve la oportunidad de viajar a otras ciudades, caminar por calles típicas usando un Hanfu, vestimenta tradicional China, visitar campos de té, recorrer ríos y subir montañas altísimas. Visité Shanghai, Suzhou, Hangzhou, Anhui y otros pueblos más pequeños en donde no solían haber tantos extranjeros y mi presencia siempre captaba la atención de ancianos y niños en su mayoría, quienes con harta curiosidad se acercaban a preguntar sobre mi país y lo primero que decían era: ¡Chile, cerezas! Pero sin duda mi anécdota favorita fue cuando sin querer terminé viajando en un bus por 3 horas en Shanghai, un poco perdida, pero terminé en un estudio donde se grabó la famosa serie china Blossoms Shanghai, la cual fue dirigida por uno de mis directores favoritos, Wong Kar-Wai. Terminé presenciando un musical, fuegos artificiales y hasta una propuesta de matrimonio. Agradezco no haberme rendido y devuelto a mitad del viaje.

En cuanto a la comida, a pesar de que la provincia de Jiangsu no se caracteriza por comida TAN picante, me costó acostumbrarme a que cada vez que pedía algo, incluso una sopa, era picante. En la universidad tenía hartas facilidades respecto a la alimentación, dentro del campus habían 10 cantinas, Mcdonald’s, Starbucks, y también teníamos la opción de ir al mercado o pedir delivery, el cual era muy expedito. Lo mejor de todo es que la comida siempre era barata; yo casi siempre almorzaba por por 2000-3000 pesos.

Por último, estar en China no solo significó hacer amistades locales, sino también varias amistades internacionales: Japón, Corea, Singapur, España, Perú, etc. Aprendí de muchas culturas y muchas veces nos reíamos porque el español de Chile es un poco diferente.

Creo que este intercambio definitivamente cambió mi perspectiva respecto a muchas cosas y mi relación con las personas. De vuelta en Chile me siento un poco extraña, con costumbres que acá no se usan, ¡Pero muy agradecida de todo lo que viví e incluso ya estoy planeando estudiar un master allá! Definitivamente la diversidad, comodidad y seguridad del país es algo por lo que volvería.

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