Martín Yáñez
2 de diciembre de 2025
No solo sumé más conocimientos técnicos de mi disciplina, aprendí de la cultura noruega, cómo funciona la sociedad, formas distintas de hacer las cosas y llevar la vida… Desde el primer día, llegar a Estocolmo bajo la nieve fue una experiencia increíble e inolvidable. Visitar runas vikingas, hacer trekking en un parque atravesando un lago […]
No solo sumé más conocimientos técnicos de mi disciplina, aprendí de la cultura noruega, cómo funciona la sociedad, formas distintas de hacer las cosas y llevar la vida…
Desde el primer día, llegar a Estocolmo bajo la nieve fue una experiencia increíble e inolvidable. Visitar runas vikingas, hacer trekking en un parque atravesando un lago congelado, y cuando llegaba la noche cenar en grupo mientras aprendíamos y cantábamos canciones tradicionales en una fiesta típica de la cultura estudiantil sueca denominada «gasque».
Nunca había estado tan al norte del mundo, así que fue el momento ideal para conocer la vida en el círculo polar ártico. Cumplí mi sueño de ver las auroras boreales ¡Un momento realmente mágico! También tuve la oportunidad de hacer esquí cross-country, andar en moto de nieve y en un trineo tirado por perros (los perros más cariñosos y bien tratados del mundo).
Los días se fueron haciendo más largos, pero todas las jornadas tenían su momento de distensión en las que compartíamos «fika» con los amigos: un cafecito con un pastel para acompañar, ya sea un semla o un kanelbulle, todo muy rico. Un hábito que me traje de vuelta a Chile.
Eventualmente llegó la primavera y la recibimos con fiesta y fogatas durante la celebración de «Valborg». El verde llenó la ciudad y los días eran ideales para hacer picnics, ir al lago, andar en kayak, todo sin salir de la ciudad.
Algo que fue muy impactante para mí pasó cerca de la llegada del verano; las noches cada vez eran más claras y cortas, amanecía a las 3 de la mañana y el atardecer era pasadas las 11 de la noche. La luz en el horizonte durante la medianoche indicaba que Midsommar estaba a la vuelta de la esquina, y eso significa vacaciones de verano. El clima era muy agradable, toda la gente estaba de buen humor y la ciudad se vestía de colores.
La calidad académica del Royal Institute of Technology (KTH) era excelente, los docentes muy cercanos y comprensivos frente a la distintas situaciones. Con los conocimientos y herramientas que llevé desde Chile estaba muy bien preparado para desenvolverme de buena forma y mi tiempo allá fue sumamente provechoso. ¡No solo sumé más conocimientos técnicos de mi disciplina, aprendí de la cultura noruega, cómo funciona la sociedad, formas distintas de hacer las cosas y llevar la vida!